Centauros by Vazquez Figueroa Alberto

Centauros by Vazquez Figueroa Alberto

autor:Vazquez Figueroa, Alberto [Vazquez Figueroa, Alberto]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 2010-01-10T18:16:48+00:00


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-La fama ha sido siempre uno de mis peores enemigos, muchacho, pero dejemos un tema que pertenece al pasado. ¿Crees que se podría llegar por mar a esas fabulosas ciudades de casas con techo de oro?

-No, que yo sepa. Y ni siquiera a través de ríos, que por aquí son increíblemente caudalosos. Por lo que tengo entendido, aquéllos son territorios especialmente agrestes y en los que jamás podría vivir un cristiano.

-¿Y eso a qué se debe?

-A que por lo visto escasea el aire.

El de Cuenca observó con mayor atención al andrajoso personaje, esquelético, barbudo y cubierto de llagas que se sentaba frente a él. Lo que acababa de escuchar era desconcertante, así que inquirió con incredulidad:

-¿Cómo has dicho?

-He dicho que los salvajes aseguran que allá arriba, donde viven los que tienen casas con techos de oro, el aire escasea.

-¿Cómo puede escasear el aire? -masculló su confundido interlocutor-. ¡Todo lo que nos rodea es aire! ¿O no?

-Eso parece.

-¿Entonces? ¿Qué hay en lugar de aire? ¿Agua?

-¿Cómo quiere que yo lo sepa, mi capitán? Un viejo chamán que fue esclavo de los que viven en las montañas me aseguró que allá arriba casi no podía respirar, pero que los nativos de la zona están tan acostumbrados que no lo notan... -Se encogió de hombros como si nada de aquello fuera culpa suya-. Pero como ya le he dicho, estos salvajes suelen ser exagerados o descaradamente mentirosos, o sea que no me haga mucho caso.

-Puede que sean en efecto mentirosos... -admitió el conquense con cierto aire fatalista-. Aunque son tantos los prodigios a los que he asistido desde que pisé por primera vez las Indias Occidentales, que no me cuesta demasiado aceptar cualquier cosa que me cuenten. ¡Bien...! -añadió como dando por concluido el asunto-. Te agradezco la información, aunque las noticias no sean todo lo satisfactorias que esperaba. ¿Estás seguro de que éstos siguen siendo territorios reclamados por Rodrigo de Bastidas?

-Bastante seguro.

-¡Lástima! Aunque tal vez sea mejor así, puesto que, pensándolo bien, como reino no valen gran cosa. Buscaré otro lugar más al oeste. ¿Te quedarás aquí o prefieres regresar a España?

-Regresaré en cuanto se me presente una oportunidad. Ya he tenido suficiente Nuevo Mundo para el resto de mis días; lo único que deseo es volver a Ronda,



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